"Nothing" by Belinda Castiblanco

Herstory Writers Workshop author Belinda Castiblanco "Nothing" by Belinda Castiblanco<br />

PDF copy of "Nothing" by Belinda Castiblanco (English version)

"Nada" by Belinda Castiblanco

PDF copy of "Nothing" by Beminda Castiblanco (Spanish version)

The order of the factors does not alter the product, however, finding the answer to the equation of life is easier when you have lived following the rule of one plus one. Sometimes I feel that, although I am where I have always wanted to be, it has taken me so long because I've done everything from end to beginning.

Jeremy was six months old. The Teletubbies played on television. On the sofa, in a small white room full of infant toys, I had made a chair with my legs to hold my baby boy. He was looking at a giant sun on the screen, I was looking at him. His head, round and hairless, his cheeks pink and fat, his mouth red and full of drool, could not distract me from his big black eyes that shone more than any star. Eyes with which mine spoke.

What will become of you my love? What will become of we both when I do not know how to do anything? Soon you will go to school, you will need help with your homework, with your life. One day, my high school diploma will not be enough. Will you realize then that your mom does not know anything? Will you be ashamed of me when your schoolmates ask you, “What does your mother do?” And you have to answer, “She does nothing…”? Will that answer turn you into nothing, too?

Forgive me, forgive me for having you when I was not ready; but since you’re here, please know that you are welcome. Believe in me, you will grow, one day you will be someone; I will grow up with you and I will be someone, too. It is the truth that “nothing” is right now our starting point. But you are the light that will guide our paths.

Jeremy was seven months old when I got a job at a factory and started attending English classes in my town library. I have not stopped studying since then. It's been more than twenty years since that day when I decided to follow the light my first son gave me. Still, those big black eyes shine bright and loud, reminding me of the promise I made to him (and later to my other children), same promise I made to myself—a promise to be someone to somebody else.

***

El orden de los factores no altera el producto, pero encontrar la respuesta a la ecuación de una vida es más fácil cuando se ha vivido siguiendo las reglas de uno más uno.  A veces siento que, aunque estoy donde siempre he querido estar, me ha tomado tanto tiempo porque he hecho todo al revés, del final al principio.

Jeremy tenía seis meses de edad. Los Teletubbies jugaban en la televisión. En el sofá de una sala pequeña sala blanca llena de juguetes para niños, yo había hecho una silla con mis piernas para sostener a mi bebe. Él miraba a un sol gigante en la pantalla, yo lo miraba a él. Su cabecita, redonda y sin pelo, sus mejillas gordas y rosadas, su boquita roja y llena de babas, no podían distraerme de sus grandes ojos negros que brillaban más que cualquier estrella. Ojos con los que los míos hablaban.

¿Qué será de ti mi amor?, ¿Qué será de los dos cuando yo no sé hacer nada? Pronto irás a la escuela, necesitarás ayuda con tus tareas. Un día, mi diploma de escuela secundaría no será suficiente.  ¿Te darás cuenta entonces de que tu mamá no sabe nada? ¿Te avergonzarás de mí cuando tus compañeros de escuela te pregunten: “¿Qué hace tu mamá?” Y tú tengas que responder: “No hace nada…”? ¿Te convertirá esa respuesta en nada a ti también?

Perdóname, perdóname por tenerte cuando no estaba preparada; pero ya que estas aquí, por favor cree en mí.  Crecerás, un día serás alguien; yo creceré contigo y seré alguien también. La nada es el principio de nuestro todo, mi niño. Tú eres la luz que guiará nuestros caminos.

Jeremy tenía siete meses cuando conseguí un trabajo y empecé a asistir a clases de inglés en la biblioteca de mi pueblo. No he dejado de estudiar desde entonces. Han pasado más de veinte años desde ese día en el que decidí seguir la luz que el amor hacia mi primer hijo me regaló. Todavía los grandes ojos negros brillan, recordándome la promesa que le hice a él (y después a mis demás hijos) y que me hice a mí misma—la promesa de ser alguien para alguien más.